Bitácora

04 de Enero de 2016

Constelación


Constelación

Imaginemos que, en su origen, la escultura proviniera de meteoritos.  Piedras caídas del cielo habrían garantizado la correspondencia entre las estrellas y el mundo terrenal, de modo que los primeros escultores buscarían establecer relaciones con la bóveda celeste mediante las piedras, la arcilla, la madera y los metales cuando labraban o moldeaban objetos ideales y materiales.  Manos humanas alzarían, así, monumentos respondiendo a esa caída de piedras incendiadas que se incrustaban en la tierra.  Los meteoritos eran, en la imaginación de aquellos seres humanos, estrellas apagadas.  Había que salvar su fuego.

            Entonces, la escultura habría adoptado la forma de la llama y el ritmo del ascenso para vincularse con el cielo:  las piedras se elevaban, y luego, con el barro cocido para la confección de figuras, y más tarde con la metalurgia y la invención del bronce, el fuego se habría incorporado a la creación de esculturas, en tanto que algunas obras en madera se tallaron para encenderse y arder en determinadas ocasiones.  Los habitantes de los primeros grandes asentamientos humanos alzaron edificios y figuras escultóricas en correspondencia con el sol y la luna, los planetas y las constelaciones.

            El escultor Alberto Castro Leñero configura en esta exposición un grupo de esculturas bajo la idea de la constelación.  Alude, desde luego, a las estrellas; pero también a un conjunto de individuos. La constelación de Castro Leñero se distribuye como una familia, mediante formas que interactúan según sus posiciones relativas, flujos energéticos, equilibrios y desequilibrios.  Cuando el espectador deambula entre ellas experimenta una suerte de danza fija pero móvil, semejante a la de las estrellas en el cielo, que el escultor nos ofrece para vivirla desde adentro.  Transitando en el espacio que conforman, cada quién puede dar forma a su propio camino.  Acaso un laberinto, pero también una exploración; un paseo entre bronces y hierros apagados que, momentáneamente, se encienden con la perspectiva insólita de la caída y la elevación de una estrella.                                                                                  Jaime Moreno Villarreal